viernes, 18 de junio de 2010

Día del Periodista II


Un día en la vida de un diario

Por Jorge Fernández Díaz
Pubicado en el diario La Nación el 7 de junio de 2006, con motivo del Día del periodista.

A esta hora, hay un periodista buscando una primicia. La busca por los oscuros pasillos de Comodoro Py. Sabe que el secretario de un juez tal vez le filtre hoy ese expediente secreto y sueña con llevarlo a la redacción y con ganarse un titular en la portada. Se llama Gabriel, es flaco como una astilla, y es también nuestro hombre en el Poder Judicial.
A esta misma hora, hay un periodista que bosteza. Se levantó muy temprano, llegó a la redacción vacía y se colocó frente a los diarios y a la computadora. Estuvo radiografiando las informaciones, midiendo nuestros aciertos y nuestros errores frente a la competencia. Está revisando ahora mismo los cables de las agencias noticiosas, escuchando las radios de la mañana y viendo la televisión. En dos horas, le pedirá a un ordenanza que toque un triángulo sonoro, encabezará la reunión de blanco y tomará nota de lo que cada editor le propone. Les pedirá, a su vez, que cubran de determinada forma cada acontecimiento, les sugerirá una foto, una columna, un dato estadístico. Se llama Claudio, y es nuestro jefe de noticias.
A esta hora, hay un editor que se apura. Debe llegar a tiempo a esa reunión, informar las novedades del día y contar cómo piensa cubrirlas. Luego tiene un almuerzo pendiente. Lo esperan dos políticos escondedores que intentarán manipularlo, pero el editor jugará un rato con ellos, los rodeará, arrojará al cesto los frutos falsos que le ofertan y les extirpará la verdad que ocultan entre plato y plato. Se llama Alejandro, y es el segundo jefe de Política.
Alrededor de las tres, hay una redactora en la calle. Marcha entre piqueteros enmascarados y toma nota de los estropicios. A diez cuadras, una colega toma café con un economista y ojea el superávit y la inflación en tres o cuatro planillas febriles. Una tercera redactora, veinte cuadras al Sur, en la Reserva Ecológica, intenta que una actriz sonría mientras posa en bikini para un reportaje de la revista dominical.
A las cinco, hay cien redactores tecleando silenciosamente las historias de este día. Sus editores diseñan las páginas y discuten los centímetros sobre el papel de pauta. Se lamentan porque nada entra, todo se pierde y porque hay que tomar decisiones dolorosas. Se edita con lo que se publica y también con lo que se desecha. El diario es como un monstruo gigantesco que se mueve y regurgita. Está tramando algo. Trama atrapar al lector de la mañana siguiente. Trama tomarlo de las solapas y conducirlo por imágenes y textos, historias, pesadillas y sueños. Trama despertarlo con sus mejores galas y desayunarlo con sorpresas, con reflexiones, con informaciones asombrosas, con tristes realidades, con emociones violentas.
A las seis, hay un grupo de periodistas que se reúne a puertas cerradas. Son veinte, entre editores y secretarios de redacción. La flor y nata. El secretario general, en el centro, les pide explicaciones. Cada uno va ofreciendo lo mejor que tiene. Es una competencia para tener un lugar en la tapa. Sus voces son formales y nerviosas, llegó el momento de la verdad. Una nueva vacuna contra el sida, una final de tenis, una suba en los precios de la soja, una frase destellante de un político, un espectáculo teatral que viene de afuera, un terremoto lejano, una revuelta política. Al final de la ronda se apagan las luces de la sala de blanco, el editor fotográfico enciende el proyector y los periodistas enmudecen para ver las cincuenta imágenes de la jornada. Esos veinte hombres y mujeres, entrenados en cientos de batallas y con las cicatrices que la profesión imprime invariablemente en el alma de cada uno, examinan entonces esas fotos sangrientas o curiosas o simplemente estúpidas que vienen de países lejanos y de rincones ocultos de la Argentina. La vuelta al mundo en cincuenta cuadros. No pasa un día sin que la muestra se salpique de sangre, cadáveres, humo y metralla. Los veteranos gruñen, o hacen alguna broma de cirujano, pero están obligados a dominar sus sentimientos y a olvidar de inmediato lo que han visto, puesto que la gran mayoría de esa cruda exposición resulta impublicable. Cerca de las siete de la tarde, las luces vuelven a encenderse y hay que dibujar la portada. Hay discusiones y voces superpuestas, marchas y contramarchas, y todos salen luego en busca de un café de máquina o de un cigarrillo apurado.
Avanza entonces la noche, como avanza un barco en la niebla.
Todos hablan a la vez en la redacción repleta. Algunos lo hacen por teléfono. Se escuchan frases sueltas, pedazos de vida:
"¿Puedo afirmar que le pedirán la renuncia?"
"Mamá, ¿podés pasar a buscar a la nena por el colegio? Tengo nota y otra vez voy a llegar tarde."
"Dale solamente dos columnas."
"Dicen que la ministra impulsa la baja de las tasas, ¿qué hay de cierto? A mí decime la verdad."
"¿Me venís con las expensas? Yo escribiendo el Watergate, ¿y vos me venís con las expensas?"
"¿Estás en Roma? Dejá todo y viajá a Siria."
"¿En qué quedamos: son dos o tres los muertos?"
"Apurate que nos come el león."
"¿Me manda una docena de facturas y media de churros? ¿Trabajan con tickets?"
"No entendiste la nota. Cambiá el foco. Tenés diez minutos, baby. O nos lleva el tren."
"¿Podemos afirmar esto sin que nos quemen vivos?"
"Andate a casa". "No me voy porque en casa me aburro."
"Faltan fuentes, faltan fuentes. Llamá al Gobierno y a la Corte. ¡Despertá a quién sea!"
"Ese título no entra. ¡Dios! No entra nada."
"Nos comió el león. ¡Nos comió!"
A las nueve, hay un redactor que traspira. Tiene su nota abierta y busca confirmar un dato. Su situación es desesperante. Corre contra el reloj del cierre y de la vida. Es un dato pequeño, pero si falla en ese dato la noticia entera se viene abajo como un castillo de naipes. Se arrastra por ese dato chiquito y, cuando lo consigue, respira. Lo hace con alivio, sin triunfalismos. Sabiendo que cada día todo vuelve a empezar.
A las diez, hay siete locos alrededor de una página. Es la portada del diario, y cada error puede ser una puñalada. Se discuten las fuentes, los tonos, los tamaños, los colores, las palabras, los matices, los verbos, las fotos, las grafías, las ideologías, las frivolidades. Se discute todo mientras se va armando como un rompecabezas. Están llegando ya las otras páginas compuestas, y cada secretario se ha vuelto un detector de errores, un sabueso impiadoso que duda de todo, que da vuelta páginas, notas y títulos, que exaspera a redactores, correctores y diseñadores de planta.
A las once quedan unos pocos náufragos a los que el agua les ha llegado al cuello. Nadan contra la corriente final, que a veces es como nadar vestido de frac en el mar abierto. Hay miradas nerviosas. "Vamos, vamos. ¿Se acaba? ¿Se acabó? ¡Se acabó!"
Son las doce, hay un periodista de guardia. Está sólo en la redacción sucia. La redacción parece, a esa hora, una cancha de fútbol después de un clásico. Hay papeles por el piso y recortes de diarios por todos lados, y un silencio nuevo, como de muerte. Todo está vacío, menos ese periodista que revisa los cables y le ruega a Dios que no pase nada. Porque si pasa algo, si hay una toma de rehenes, o regresa el tsunami, va a tener que levantarse y hacer una segunda edición, o parar las rotativas.
-Sueño con gritar alguna vez: ¡Paren las rotativas! -le dice un joven cronista que trabaja en la edición online.
-Vos dejá de soñar, que los gastos los pago yo, nene -le responde el guardián, que juega al solitario con las imágenes de Crónica TV y con los últimos despachos de Reuters. Y que tiene más cicatrices que el capitán Ahab.
Cuando faltan sesenta mil ejemplares, es decir, cuando ya no puede pararse la máquina y todo está jugado y perdido, el veterano guardián levanta campamento y vuelve a casa.
Un ordenanza entra entonces en el templo y apaga por primera vez la luz. No se sabe qué pasa en una redacción a oscuras. No tenemos testigos presenciales, ni buenas fuentes que nos aseguren que las redacciones se queden realmente ciegas, sordas y mudas alguna vez. Quienes hemos vivido tantos años en ellas, conjeturamos que siguen escuchándose, cuando no podemos oírlas, las voces de los creyentes y la de los escépticos, las discusiones en caliente, los gritos del cierre y los teclados ávidos. Pero no podemos probarlo. Y lo que no puede probarse, no se publica.

viernes, 11 de junio de 2010

Crónica


ANIBAL FERNANDEZ CON ESTUDIANTES

El contestador

El jefe de Gabinete dio una conferencia y habló de todo. Defendió al Gobierno, criticó a la oposición, contó cómo es su relación con el matrimonio presidencial y sostuvo los DNU.

POR SEBASTIAN OVIEDO
Tranquilo, sereno y con buen humor. Así se presentó el Jefe de Gabinete de Ministros, Aníbal Fernández, ante la tropa de estudiantes de periodismo y ciencias políticas de la Universidad de Palermo, en donde brindó una conferencia de prensa, dentro del marco del “Ciclo de reportajes” que lleva a cabo la institución mes a mes. Acompañado solamente por su sombra, sin guardaespaldas, Fernández se sentó a la par del decano de comunicación, Oscar Echavarría, quien lo interpeló, como si fuera un senador opositor, durante 30 minutos. En esa introducción que mantuvo en vilo al aula magna de la universidad, el ministro dejó sentada su postura ideológica: “Siempre fui peronista. Si en mi casa no lo eras, te tenías que ir”. La primera de las preguntas, por parte de los estudiantes, se refirió a los proyectos que tiene pensado implementar el Gobierno acerca de la trata de mujeres. Fue entonces que el Jefe de Gabinete contó una historia que dejó pasmada a la audiencia. “Me acuerdo de un allanamiento que hicimos en un prostíbulo del interior del país. Una de las mujeres que estaba cautiva nos contó que la obligaron a abortar, le sacaron el feto y lo enterraron. La policía fue y lo encontró”, dijo Fernández. “¿Cómo conoció a Kirchner?”, se escuchó decir desde el fondo del auditorio. “Lo conocí en la campaña para presidente. Porque el que iba ser el candidato en 2003 era De la Sota. Al ver que las mediciones no le daban bien, Kirchner me llama y me pregunta: ¿Querés trabajar para nosotros? Ahí me tome un avión a Santa Cruz y nuca más me bajé, ja”, contó Aníbal. Despotricando contra la oposición y especialmente por Julio Cobos, el ministro comparó al Vicepresidente con el ex dirigente peronista Augusto Vandor: “Él (Vandor) quiso hacer un peronismo sin Perón y así le fue. Traicionaba a dos puntas, el General se lo decía siempre. Cobos es igual, el que traiciona una vez lo va a seguir haciendo”, señaló. Las horas pasaban y el Decano Echavarría tenía que pedirle al ministro que “no se extienda demasiado con las repuestas. Hay mucha gente que quiere preguntar”. Pero Fernández no hacía caso, ante cada cuestionamiento su dialéctica salía al cruce, más aún, cuando le preguntaron sobre el Grupo Clarín y la extensión de las licencias que él mismo firmó cuando las licencias caducaban. “No podíamos no extenderlas”, aseguró. Además, Aníbal respondió acerca de la fusión entre Cablevisión y Multicanal: “Fue un error”, dijo. El tema de los Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU) salió a la cancha. “Los medios mienten con eso. La presidenta sólo sacó 8 DNU y no 10 como se dice. La firma de los decretos siempre fue para satisfacer las necesidades del pueblo argentino”, concluyó Fernández. El funcionario se despidió de la conferencia con frases como: “Yo no soy progre. Los Kirchner son más progresistas que yo”; o “No tengo ninguna autocritica que hacer con respecto al Gobierno”. Cuando Aníbal dijo la última palabra el Decano tomó el micrófono, le agradeció al invitado y lanzó una pregunta a los presentes: “Después de escucharlo, ¿Alguien cambió su forma de pensar acerca del ministro?” Sólo tres manos se levantaron…Rápido para responder, rápido para salir. Fernández se escabulló por los pasillos de la Universidad, no sin antes sacarse fotos con todo aquel que se lo solicitara. Mientras los flashes todavía resplandecían y los murmullos de la sala se iban apagando, el jefe de Gabinete se fue de la institución mostrando una risa por debajo de su bigote y deteniéndose ante las cámaras de Canal 7 y Canal 26. Antes de subirse a su auto blanco tuvo tiempo hasta para responderle un par de preguntas a quien escribe. “Voy a ser el próximo Vicepresidente de Quilmes”, dijo. Luego se fue, a lo mejor, a seguir contestando…

lunes, 7 de junio de 2010

Día del periodista

Por John Carlin *

"Toda sabiduría humana se resume en dos palabras: esperar y esperanza."
Alexandre Dumas

LONDRES.-Cualquier reportero, si es honesto, lo reconoce: el periodismo es un oficio indigno. Siempre esperando, siempre suplicando. Deberían incluir en todos los cursos de periodismo unas buenas sesiones de budismo zen para que los jóvenes incautos que piensan meterse en este negocio adquieran las dosis necesarias de paciencia, filosofía, paz espiritual.
El problema es la entrevista, materia prima tan imprescindible para el reportero como el arroz para la paella, el balón para Leo Messi, el peluquero para David Beckham. Sin acceso a la gente indicada para determinada historia, no hay historia. Lo que hay es fracaso, fracaso que pude conducir al desempleo. Por eso, lo primero que se requiere para ser reportero es persistencia, admirable virtud condenada siempre a rozar la humillación. Uno llama o envía un correo electrónico solicitando hablar con alguien. Puede ser el asistente del alcalde de un pueblo de 500 personas, o el gerente de marketing de una mediana empresa de tuberías, o un ministro, o un personaje mundialmente conocido. Lo normal es que no te contesten ni a la primera ni a la cuarta o que, peor todavía, te digan: "Mañana le decimos algo". Llega mañana y no te han dicho nada. Entonces, tomas el teléfono, llamas de nuevo y más de lo mismo. A veces, al final, te dicen que sí y la entrevista se hace; a veces, acabas en nada.
El proceso es así. Pierdes el tiempo, te estresas, te desesperas, quieres matar a alguien, quieres matarte a ti mismo, te preguntas: "¿Por qué, por qué, por qué no le hice caso a mi mamá y me metí en un trabajo como Dios manda?".
Ahora, lo peor, lo peor con diferencia, es ser un periodista deportivo. O, para ser más exactos, un periodista cuyo trabajo incluye la necesidad de acceder a futbolistas de primera. Conseguir una entrevista con un jefe de gobierno o con un líder guerrillero no es fácil, pero es un juego de niños comparado con el calvario de intentar conseguirla con un chaval de 20 años que es millonario gracias a su especial habilidad para patear una pelota.
A veces ocurre que, después del denigrante proceso que acabamos de describir, te la conceden. En tal caso, es perfectamente posible que llegues al lugar indicado a la hora indicada (incluso después de tomar un avión) y te digan: "Perdón, el futbolista ha cambiado de opinión. La haremos otro día". O que, como en el 90%, tengas que esperar una o dos horas más de lo previsto para tu audiencia con el pequeño rey (porque se demoró en la ducha, porque tenía que rematar el partido de PlayStation). Y entonces, al final, cuando por fin has conquistado la gloria de tenerle enfrente, con la grabadora rodando, te transmite sin ningún disimulo la sensación de que podría estar haciendo cosas mejores (otro duelo de titanes en la PlayStation, comprarse otro Ferrari, tocarse las narices en casa). Y después, después de tragarte tanta bilis, el terrible e inevitable desenlace es que no te ha dicho nada que sea remotamente noticia, que agregue una migaja a la suma del conocimiento humano. Como el caso del jugador del Barça que hace una semana nos dijo: "Necesitamos ganar los dos partidos finales para ganar la Liga", pedazo de banalidad que dio titulares (sí, sí, a esto hemos llegado) en prácticamente todos los diarios españoles.
Hay gratas excepciones. Hay jugadores que te tratan como un ser humano. Hay incluso algunos que te dicen algo que vale la pena. Como Benoit Assou-Ekotto, francés del Tottenham, que la semana pasada le dijo a un afortunadísimo periodista inglés que su principal lealtad no era a la camiseta de su club, sino al dinero. "¿Existe un jugador en el mundo -dijo- que firma por un club y dice: «Oh, adoro tu camiseta»? Su camiseta es roja: «¡Me encanta!». ¡Qué va! Lo primero de lo que habla es dinero."
Casos excepcionales como el de este heroico, honesto y suicida francés son los que te animan a seguir en la lucha, a mantener viva la llama de la esperanza. Pero al final muere, eso sí. Muere. Y, en ese caso, no le queda más remedio al reportero que huir a la relativa paz del paro, o cambiar de bando (tomarse la venganza contra la profesión de pasarse al equipo de comunicación de un club de fútbol) o, cuando el desgaste ya ha sido demasiado y la energía y la paciencia se han agotado, encontrar la salvación en la prejubilación periodística del escritor de columnas de opinión.

*John Carlin (http://www.johncarlin.es/) es un periodista inglés que actualmente escribe para el diario El País, de España, y es autor del libro "El factor humano", sobre Nelson Mandela, que inspiró la película de Clint Eastwood "Invictus". Publicado el 7 de junio de 2010 en La Nación.

viernes, 28 de mayo de 2010

Nota: Centro de Salud Cecilia Grierson/Parte II

EL MAL FUNCIONAMIENTO DEL CENTRO DE SALUD CECILIA GRIERSON

¿Y dónde está el piloto?

A un año de su inauguración, el que debería ser el hospital del sur de la Ciudad de Buenos Aires ni siquiera tiene director. Tampoco cuenta con especialista en laboratorio, oftalmología y odontología.

POR SEBASTIAN OVIEDO

El Centro Integral de salud Dra. Cecilia Grierson, que fue inaugurado en junio de 2009 por el Jefe de Gobierno Mauricio Macri, continúa teniendo las fallas que se le achacaban en sus primeros días de vida. Si bien algunas cosas se han modificado, como mejoras en lo referente a la infraestructura, otras han empeorado e incluso, para completar el panorama sombrío, el hospital no cuenta con un director a cargo.

“Escalones” recorrió las instalaciones del Cecilia Grierson para constatar los rumores que circulaban acerca de su pobre funcionamiento y de los escasos servicios que el Centro brindaba... La realidad saltó a la vista: el lugar no tiene un director que lleve las riendas, no cuenta con especialistas en oftalmología, laboratorio y radiografía, y una de las principales funciones por la cual fue construido, la de ser un centro de vacunación para la zona, no se cumple.

Además, la gente que se atiende en el Centro es escasa. Teniendo como referencia a los hospitales más cercanos de la zona sur como el Santojanni o el Piñero, el Cecilia Grierson sólo es frecuentado por personas que requieren cuidados primarios. Es decir, el lugar lleva a cabo la misma tarea que una “salita” de primeros auxilios.

Por otro lado, y si se le puede ver un costado positivo al asunto, la infraestructura del lugar ha mejorado: baños habilitados, luz eléctrica, amplias salas de espera, agua potable y personal de seguridad son las mejoras que se vislumbran. Pero lo importante parece no aparecer…

Esta no fue la primera visita que “Escalones” hizo al Centro Integral. Pocos meses después de la inauguración, esta publicación se dirigió hacia el lugar para entrevistar al director del Cecilia Grierson, el Doctor Martín Demias. “Se está trabajando como podemos, nos arreglamos con lo que hay”, decía por aquel entonces el responsable a cargo. Pero también afirmaba que al proyecto le faltaba mucho para “satisfacer las necesidades del barrio y de la gente“.

Por ese entonces, y a pocas semanas de las elecciones legislativas, el Jefe de Gobierno, Mauricio Macri, junto a su vice, Gabriela Michetti, jugaban con los equipos de odontología del hospital, el día de la inauguración. Lo que ocurrió a partir de ahí, no fue un juego.

El centro integral estaba equipado con la misma tecnología de todos los centros asistenciales porteños del mismo calibre, pero faltaban detalles, como paredes de plomo para radiología, adaptadores para las maquinas de extracción de sangre, luz eléctrica, agua corriente, teléfono, ambulancias e insumos tan simples como sellos que permitan dar importancia a órdenes médicas. Detalles que impedían el funcionamiento del mismo y hacían inútil su presencia en el barrio de Villa Lugano.

Pasaron muchos meses desde aquella inauguración, pasaron las elecciones, pasó Navidad y Año Nuevo, e incluso las Pascuas, pero la situación del Cecilia Grierson sigue como antes e incluso peor. 2010 no trajo demasiadas novedades.

A este periodista lo atendieron dos empleados administrativos que no sabían, o no podían, dar la información necesaria para saber si el hospital había evolucionado o si se mantenía como en aquel lejano junio de 2009, cuando se cortó la cinta. Estas personas dijeron que había que volver más adelante, cuando el centro tuviera un responsable a cargo.

Este lugar iba a ser el sustento de salud de Lugano, Villa Celina, Villa Riachuelo y Soldati. Ya que estos barrios se caracterizan por la falta de ayuda hospitalaria y la emergencia sanitaria es un fantasma que ronda por encima de ellos todo el tiempo.

El dinero otorgado a este proyecto era la módica suma de $50.000.000, de los cuales se utilizaron solamente $650.000, según un informe realizado el año pasado por el programa de televisión “CQC”. Entonces, se genera una pregunta: ¿A qué fueron destinados los $49.350.000 que faltan?.. Por lo que se vio, a mejorar el hospital seguro que no… A lo mejor se usaron para pagar el sueldo de los maestros… Tampoco.

Por otro lado, y reflejando la situación actual del Cecilia Grierson, una de las tantas mujeres que llevan a sus hijos a atenderse al hospital dijo: “Yo traigo a mi nene acá porque tiene bronquiolitis. Pero no me pudieron dar los remedios, ni tampoco sacarle placas. Me dieron la orden para que se las haga en el Garrahan”.

Tal vez esta mujer, que no quiso dar su nombre, no se acuerde de lo que dijo Mauricio Macri el día de la inauguración: “Era necesario terminar con la obra antes de que empiece el invierno para poder asegurar una mejor atención de las enfermedades respiratorias, especialmente la bronquiolitis”.

A todo esto se suma la promesa que se hizo en el momento del corte de cinta: la de construir un segundo edificio, detrás del actual, para realizar operaciones de alta complejidad. La realidad muestra un paisaje de montañas rusas y autitos chocadores que pertenecen al Parque de la Ciudad de fondo.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Nota: Premio a La Milagrosa


EMPRENDEDOR DEL AÑO

La voz de Juan sonó
fuerte en Londres


El creador de la FM La Milagrosa recogió el galardón de manos del Príncipe Carlos. Su historia, la de la emisora, y la de su compañera, Carmen, en esta y otra entrada del blog.


POR ELIZA DEL VALLE

Así es, como habíamos adelantado por este medio, Juan Núñez se hizo eco desde la Ciudad Oculta y llegó a Londres. Allí fue elegido como el mejor emprendedor del mundo por su creación de la radio comunitaria “La Milagrosa”. Y recibió el premio de manos del Príncipe Carlos del Reino Unido de Gran Bretaña. La Youth Business International, una entidad que premia a jóvenes creativos, reconoció su labor solidaria y le otorgó el mayor galardón de alcance internacional, además de la mención que ya tenía como “Emprendedor del año en Argentina” por su trabajo en la FM 100.9. Este trabajador correntino de 35 años, compitió con otros tres finalistas: un árabe-saudí, un mexicano y una pareja de escoceses. Pero su “refugio de la palabra” hizo más ruido y convenció al jurado de notables. En ese refugio de la palabra, donde resuenan las campanas de palo y echan a batir sones de festejo en cada minuto de transmisión, lo espera Carmen, su esposa y heroína de esta historia, a quien Juan le dedicó el premio. Pronto cruzaremos la vereda para festejar con ellos, en el comedor comunitario donde el barrio lo despidió con un asado. Seguiremos descubriendo y prestando oídos a estas voces ya no tan “ocultas” en la “ciudad”.


COMO ES LA MILAGROSA

Una radio comunitaria al
servicio de la comunidad

"La Milagrosa” integra la red de la FARCO (Federación Argentina de Radios Comunitarias) y pronto ampliará su alcance de transmisión: se podrá oír por internet.
La radio madruga, como muchos en el Barrio. A las 6 de la mañana arrancan los programas de lunes a sábados, y siguen hasta las 23. Los domingos transmite desde las 8 hasta las 21, dependiendo de las propuestas que se vayan presentando. El nombre de los diferentes espacios sugiere la diversidad. Por ejemplo: “El primer mate”; “Todo a la olla”; “Salsamanía”; “Llamalo como quieras”; “Infancia Oculta” (un programa hecho por chicos); “Música del Ghetto” y otras emisiones conectadas con la AM 530, la radio de las Madres de Plaza de Mayo.
El hilo conductor es ser “comunitarios” o solidarios, para ello se contactan con Asociaciones Civiles, Iglesias, Comisiones Vecinales y todo grupo que quiera hacer su aporte. Como la gente del programa “El Plumerillo”, que se oye los viernes de 19 a 20 y cuenta con una militante del movimiento “Barrios de Pie”, docentes de distintas áreas e invitados que tienen algo para decirle a la Comunidad. La temática es tan diversa como la vida urbana y los intereses de los oyentes. La música ocupa un lugar importante en cada transmisión. Prevalecen el folclore, la cumbia, el “reggaeton”, las polkas y todo lo que la gente pida.
Fabián López es uno de los operadores técnicos, locutor, jinglero, cebador de mate... lo que haya para hacer. Se nota la pasión que pone en su afán de mantener la alegría de cada programa. Su voz tiene la potencia de un comunicador convencido de su relevante tarea.
“La radio es la casa de todos”, aseguró Juan, vía chat, cuando se le pidió un lugar para difundir algunos problemas locales y buscar soluciones entre todos. Justamente, entre los objetivos principales está el de “pensar soluciones conjuntas” a los problemas de todos. Para eso fue creada con tanto esfuerzo, ese era el sueño de Juan y Carmen: una “Radio Comunitaria al Servicio de la Comunidad”. Y parece que lo están logrando...

viernes, 13 de noviembre de 2009

Nota: Centro de Salud Cecilia Grierson

CENTRO INTEGRAL DE VILLA LUGANO

Esperando por un sueño


Aunque fue inaugurado en junio, el edificio, que funciona en el predio del Parque de la Ciudad y está proyectado para ser un hospital, tiene serias carencias de funcionamiento. Entre otras cosas, faltan paredes de plomos para aislar las salas de rayos.

POR NADIA BILOTTA
Hace 23 años comenzó la ilusión entre los habitantes de Villa Lugano por tener su hospital propio, parecía que en 2009 ese sueño se haría realidad, el Jefe de Gobierno porteño Mauricio Macri, junto con su compañera de fórmula de ese entonces, Gabriela Michetti, cortaron la tan anhelada cinta de inauguración que les daría a los residentes del Sur un centro de salud integral llamado “Dra. Cecilia Grierson”, ubicado entre las calles Avenida Cruz y Escalada, no un hospital.
Todo parecía color de rosas. El lugar es hermoso y muy prometedor. Por eso, “Escalones” se hizo presente cuando un rumor oscuro azotó aquel sueño que parecía estar concretado y confirmó con el director del lugar que el proyecto no funcionaba como se esperaba. “Estamos trabajando como podemos, nos arreglamos con lo que hay”, afirmó el médico, y agregó: “Todavía le falta mucho para satisfacer las necesidades del barrio y la gente”.
La realidad es gris: el hospital está mal llamado, de tal sólo tenía las ganas, era otro centro de salud más, con ambiciones de crecer, pero sin alguien que lo alimentara. Está equipado con la mayor tecnología de todos los centros asistenciales porteños del mismo calibre, pero faltan detalles. Por ejemplo, paredes de plomo para radiología, adaptadores para las maquinas de extracción de sangre, luz eléctrica, agua corriente, teléfono, ambulancias e insumos tan simples como sellos que permitan darle importancia a órdenes médicas. Detalles que impiden el funcionamiento del lugar y hace inútil su presencia en el barrio de Villa Lugano.
Este edificio iba a ser el sustento sanitario de Lugano, Villa Celina, Villa Riachuelo y Soldati, que se caracterizan por la falta de ayuda hospitalaria. Además, la emergencia sanitaria es un fantasma que ronda por encima todo el tiempo. Hoy, los vecinos de las zonas afectadas reclaman una respuesta, quieren que este emprendimiento no se convierta en el “Elefante Blanco” dos.
El ruido del pueblo llegó a “CQC”, que investigó que el dinero otorgado a este proyecto era la módica suma de $50.000.000 y que sólo se utilizaron $650.000, lo que genera una pregunta: ¿Adónde fueron a parar esos $49.350.000?
Pasaron varios meses. El Ministerio de Salud, según un funcionario que habló con “CQC”, se comprometió a solucionar estos eventuales defectos y prometió que los damnificados ya no tendrán que ir al Santojanni o al Piñeiro porque dentro de un mes contarán con su aclamado hospital en Villa Lugano.
Los habitantes de la zona continúan esperando que esto no se convierta en otra promesa más, ni que se vuelva un caballito de batalla que sólo trote en época de campaña política. La realidad golpea día a día al Sur de Buenos Aires, los chicos sufren de bajo peso, el nivel de mortalidad es de 12 x 1000 (casi igual que en Jujuy), hay embarazos adolescentes por doquier y simplemente gente que no posee prepaga ni obra social y necesita de un lugar público que cubra sus necesidades como fue prometido hace 23 años.


El Elefante Blanco, un
antecedente peligroso


En Villa Lugano no es la primera vez que la promesa de un hospital no se cumple. A unas pocas cuadras del nuevo Centro Integral de Salud está el esqueleto de un hospital construido bajo el gobierno de Juan Domingo Perón, que iba a ser el más grande de Latinoamérica, pero no llegó ni a ser un inmueble completo.
Es conocido como "El Elefante Blanco" y está ubicado en una de las zonas más carenciadas del barrio, dentro de la villa 15, también llamada "Ciudad Oculta". Hoy está lejos de ser un hospital. En cambio, es un refugio tomado como vivienda para cientos de familias sin techo, y solamente su sótano y una parte de su primer piso es utilizado como centro comunitario.
Hoy, este edificio sin terminar está en manos de las Madres de Plaza de Mayo, quienes tienen la cesión de los terrenos por parte del gobierno actual para mejorar su estado y ayudar a quienes viven allí.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Entrevista: Ricardo Darín


"Es difícil revertir tantos años
de mala educación y engaños"

El actor de “El secreto de sus ojos” vive un gran momento gracias al éxito de la película. Pese a su popularidad y a los múltiples proyectos en los que está embarcado, siempre se suma a iniciativas solidarias como la de la Fundación Discar, donde dialogó con Escalones.


POR DAIANA VIOLETA DEMARCO


Actor prestigioso, reconocido mundialmente, protagonista de la película del momento, "El secreto de sus ojos", que ya pasó los dos millones de espectadores, Ricardo Darín también se da tiempo para la solidaridad. Recién llegado de San Sebastián, se hizo presente en el coctel a beneficio de la fundación Discar, en Museum.

¿Cuál es tu reacción frente a un discapacitado?

Me generan mucha ternura y amor. Para dar un ejemplo les cuento una cosa que me pasó hace menos de una semana: estaba en el festival de San Sebastián, durante muchos días se hablaba muy bien de nuestra película, porque tuvo una muy buena repercusión, y de que yo tenía grandes chances de quedarme con el premio al mejor actor, pero eso sólo se podía saber al final de la semana. Uno de esos días, en el hotel donde estábamos con mi mujer, tomamos el ascensor y sube un chico con síndrome de Down en el tercer piso. Estaba recién bañado, con saco y gafas. La verdad que muy pintón. Cuando lo vi me dio ternura y le puse la mano en el hombro. Llegamos a la puerta, se abrió, y nos quedamos en la típica situación de quién deja pasar a quién. En un momento lo volví a tomar del hombro, hice contacto y él salió. Después nos enteramos de que fue quien ganó el premio al mejor actor. Yo no sabía que él era actor, ni que trabajaba en una película, y no sólo ganó, sino que fue el primer chico con síndrome de Down con un título universitario en Europa.

¿Qué sentiste cuando ganó él y vos no?

Me puse tan contento de que se lo dieran a él, que no me importó perder, porque me parece que hay que darle un premio todos los días por su esfuerzo.

¿Cómo terminarías con la discriminación?

Es demasiado utópico (piensa) ¿Cómo hacés para terminar con la discriminación? Primero hay que preguntarse de dónde vienen los prejuicios heredados, no los genuinos. La mayoría de estos prejuicios que tenemos los negamos y decimos que son culturales, que los hemos mamado, que alguien nos los metió en la cabeza, y alguien los dejó ahí, originalmente no tenemos prejuicios. Yo creo más en los pasos chiquitos que en las grandes empresas que terminan haciéndote bajar la guardia. Creo en el poder del contacto, en el mano a mano y en el boca a boca.

¿Cómo te imaginás a la sociedad en el futuro?

Si se toman en cuenta los avances tecnológicos que hacen que uno tenga la información delante de la mano, si esa energía se pudiera re direccionar en función de que cada vez estemos más cerca y no más lejos, tendría la esperanza de que cada día sea mejor. Pero no creo que vaya a ser así.

¿Por qué no lo crees?

Yo creo que no sabemos cuidar al planeta ni a nosotros. Es difícil revertir años y años de mala educación y, sobre todo, de engaños que nos han hecho creer que somos los dueños del planeta y no es así. No soy optimista en ese sentido, pero soy positivo en el aquí y ahora, para poder después hablar de mañana.